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lunes, mayo 03, 2010

EN TIEMPOS OCRES, BIENVENIDO EL VERDE



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El título de profesor, tan vilipendiado en estos años de la “revolución educativa”, otorga el privilegio de la consultoría. En estos días cuando se agita el mundillo electoral colombiano no he podido ser ajeno a ese privilegio. Muchos de los estudiantes, con los que comparto cátedra en Periodismo o en Literatura, se han acercado inquietos con el fin de entrecruzar «miradas políticas» sobre el tema reverberante de las candidaturas presidenciales. El sólo suceso de poder escuchar de sus voces esas inquietudes, ya me traza esperanzas, sobre todo en esta nueva década cuando el sentido de la a-política pareciera haber invadido las mentes y los cuerpos de lo jóvenes y de no pocos adultos. En ese ir y venir de ideas, se debate cuál es el camino a seguir, y ante tan variada argumentación, dejaré sentada mi posición, como debe hacerlo un profesor, más aún en el ámbito universitario.

Considero que Colombia llegó al límite de la barbarie y en tiempos donde ni siquiera la vida posee un valor no-económico, la pregunta a resolver es ¿Ahora qué hacemos? Sobre el mantel electoral se muestra variados platos, pero ninguno diferente, si acaso el discurso de Petro en los últimos debates, pone en juego las profundas crisis sociales que deben ser resueltas para que el país tome un rumbo social. Nadie habla de la reforma agraria tan necesaria para que se construya una equidad de bienes, debe ser porque anunciarlo sería arremeter contra las burguesías dueñas de medio país, contra los ganaderos y sus ejércitos armados de intolerancia, contra los grandes capitales que expropian tierras para explotación de bienes no renovables. Ya Antonio García Nossa lo había explicitado, este país, y en general esa Latinoamérica nunca liberada, jamás construyó una forma de gobierno diferente al orden colonial: “Cuando el último soldado español se embarca de regreso a la Península, lo que queda en pie no es un nuevo orden, sino el orden colonial -su cuerpo, sus instituciones, sus clases, su economía, su cultura, su espíritu- administrado por un nuevo cuadro de personas”, es decir, jamás nos liberamos de la supremacía burguesa y sus intereses mezquinos, por eso nunca construimos una nación.
Ahora bien, el problema es que nuestro actual Estado ha llegado incluso a superar la barbarie y la desigualdad de los métodos coloniales. La corrupción se convirtió en una forma de vida colombiana, las instituciones son marionetas del Estado y cumplen el dictamen de la burguesía, no sólo porque de esa manera se consolidan en el poder, sino porque ellos mismos, en la gran mayoría, son la burguesía. Esa cultura de la compra de ideas y de cuerpos responde a la antigua lógica del fin justifica los medios. Sostenerse en el poder es la gran meta de la minoría del país, aún a consta de la miseria generalizada que atiborra cada rincón de esta adolorida Colombia. Ahora resulta que todos los males tienen un epicentro: La guerrilla. Ya no hay niños muriendo de hambre en el Choco, no hay congresistas paramilitares, ya no hay desaparecidos, ni refugiados, ni exiliados, ni desplazados, ni ricos repartiéndose los subsidios, ni desempleados, ni indígenas golpeados y presos por sus ideas, ni pescas milagrosas estatales… Este país es el más feliz del mundo, sólo que existen guerrilleros “terroristas” que toca matar y seremos la Suiza latinoamericana. Como diría el saliente: falso de toda falsedad.
En medio de ese caos oculto, las ideas parecen velas a punto de extinguirse, y pareciera que no es tiempo de luchar por las grandes utopías, sino al menos el tiempo de defender la vida. Los muertos no tienen derechos, y a ese estado de indefensión hemos llegado. Ahora hablar en contra del orden establecido es ser “terrorista”, no hay lugar para la argumentación, menos para la disidencia. Más trágico aún resulta que la mayoría (lo que algunos denomina opinión pública), considera válido ese discurso y así lo demostró eligiendo dos veces a Uribe, aún sabiendo que había desbaratado la Constitución Política, se había aliado con los paras (Mancuso así lo afirmó recientemente), había comprado el Congreso y había convertido la barbarie en política de Estado. ¿Entonces que hizo que la mirada virará hacia otro escenario?
El cansancio primero atrofia las ideas y luego los cuerpos; pero el mecanismo del pensamiento humano aún no ha sido derrotado, el sueño de las máquinas debe esperar. Los jóvenes, actores sociales e históricos algún día deberían manifestarse, el problema es que los medios están en manos de los pirotécnicos del poder y ellos jamás predijeron que una nueva forma societal estaba en marcha: Las redes virtuales. Un nuevo espacio, en donde la velocidad domina el vértigo, se convierte en el epicentro del fenómeno electoral, ahora hay un lugar en donde se pueden expresar sin necesidad de desplazarse, un mundo interconectado de manera rizomática, un mundo activado por un click. Y fue por ahí en donde empezó a re-construirse el discurso de la legalidad como necesidad cultural, porque son los jóvenes los más excluidos en la sociedad colombiana, sometidos al poder del adulto. ¿Por qué la juventud rebelde empieza a reclamar la legalidad, si esta categoría es propia de los adultos? Porque la ilegalidad es de tal monstruosidad, que incluso es mejor la ley y las instituciones del orden.
Otro discurso que atrajo la mirada de los jóvenes fue el tema de la educación, ese antiguo sueño de la modernidad que nunca desembarcó en estas tierras, la formación de un ser razonado, ético y argumentado, discurso de hace siglos en la hoy Europa adormecida. Sin educación no hay construcción de república, sin letrados seguiremos en manos de los hacendados del poder, sin conocimiento seremos masa amorfa que la burguesía usa a su antojo. Pero quiero ser claro, con ella tampoco garantizamos nada.

En ese escenario considero de vital importancia que la política sea un tema nuevo entre los jóvenes y la masa de ciudadanos, que los debates en los pasillos, los cafés, los bares, las aulas y los escenarios urbanos, sea el fenómeno Mockus. Es un buen indicio, pareciera ser que al letargo colombiano le ha llegado su fin. Si, lo sé, soy optimista. Comparto la necesidad de construir una ética que permita movilizarse en el mundo de lo público sin el ánimo de depredar y le apuesto a la educación como una de las formas de reconstrucción social; pero no le apuesto a un hombre, sino a la colectividad. Las soluciones no vienen en la maleta de viaje de un político, se construyen desde las bases sociales. Mockus no es un hombre de avanzada, no está proponiendo la construcción de un nuevo país, está liderando la necesidad de volver a lo esencial, al respeto por la vida, por los bienes públicos, por la ética, por la educación; es decir, nuestro país es tan lamentable que incluso añoramos el viejo orden.

Aclaro, mi voto será verde, porque quiero garantizar que durante los próximos ocho años al menos pueda escribir textos como este sin el temor de ser catalogado de “terrorista”. Después del 30 de mayo seguiré luchando por construir ese verdadero país para los colombianos, espero que en esa lucha me reencuentre con muchos de esos alborozados jóvenes que hoy enverdecen el paisaje. En tiempos ocres, bienvenido el verde.

jueves, octubre 01, 2009

SUEÑO IMPERFECTO CONFABULADO


En el blog del periódico virtual Confabulaciones, fue reseñado el texto de mi autoría "Sueño imperfecto", por el poeta y ensayista Gabriel Arturo Castro. Dejó la dirección a quienes quieran navegar por esas aguas...

lunes, enero 26, 2009

EL USO PÚBLICO DE LA RAZÓN KANTIANA Y SU RELACIÓN CON LA LITERATURA

El Uso Publico de La Razon Kantiana y La Literatura

EL USO PÚBLICO DE LA RAZON KANTIANA Y SU RELACIÓN CON LA LITERATURA Carlos Arturo Gamboa Bobadilla No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan. Jean Paul Sartre (1905-1980) En la lectura clásica de Kant “Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?”, se plantea un concepto que ha sido retomado constantemente en los debates y proyectos de construcción de autonomía. Este concepto es el de «uso público de la razón», que según Kant: “Entiendo por uso público de la propia razón aquél que alguien hace de ella en cuanto docto (Gelehrter) ante el gran público del mundo de los lectores.”1, es decir para el filósofo alemán, existe una forma de ejercer la libertad de opinión y esta se da al interactuar con el público. Ahora bien, un escritor se mueve en el mundo de las interacciones comunicativas y su sensibilidad le permite «ver» esas formas de las construcciones sociales que para los demás son elementos cotidianos, y tomando como herramienta las expresiones estéticas, pone en evidencia un nuevo orden, tamizado por su mirada de artista. Parto de una hipótesis, el artista no hace su arte para sí mismo, busca unos lectores, tiene una intencionalidad (dimensión pragmática) al elaborar su obra y por solitario que parezca un autor, al menos tendrá un lector, él mismo. Algunos artista dicen que su obra se construye como «catarsis individual», como forma de escape del yo interiorizado, lo cual es cierto en alguna medida, pero ese yo forma parte de una comunidad, de un entorno y de un momento histórico y por lo tanto ha 1 KANT, Emmanuel. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? sido «afectado», no es un yo propiamente individual, es un yo también colectivo, que al expresarse, se expresa así mismo y a los demás. En ese sentido, ninguna obra es purista de lo individual, pero si puede tener tendencia al epicentro individual o al epicentro colectivo. Por ejemplo, el movimiento romántico puede ser visto como una re-interiorización del mundo, en donde la subjetividad prima sobre lo demás, pero esa subjetividad goza de un constructo dual con el mundo del artista y propugna por un «estado ideal» del todo. William Ospina en su ensayo “Los románticos del futuro”, plantea que el mundo necesita de esos nuevos soñadores que re-interpreten el mundo y construyan desde sus sueños una barrera contra la razón, esa nueva diosa del planeta tierra. Ospina dice: “Ahora necesitamos sueños y propósitos. Los males que imperan sobre la civilización y que crecen sin tregua día a día, exigen soluciones audaces, originales destinos”.2 Entonces, ¿Cómo opera el uso de la razón pública en la literatura? Pues el artista, si lo es y no lo aparenta, debe haber alcanzado un estadio de «mayoría de edad» entendida como un racionamiento intelectual que hace uso de la autonomía como concepto guía de su pensamiento, como ejercicio de su libertad para decidir por sí mismo y para los demás (no por los demás). Contrario a la «minoría de edad» ya que: “La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro”3, y el artista nunca ajeno a las cadenas editoriales, a las estrategias de la mercadotecnia que hacen fluir sus ingresos, debe repensar su arte y su acción comunicativa. El dilema no es fácil de resolver ya que el público lector se mueve dentro de una comodidad, como lo deja evidente Kant: “¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que reemplaza mi conciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etc, 2 3 OSPINA, William. Es tarde para el hombre. Grupo editorial Norma. Bogotá. 1994 KANT, Emmanuel. Op.Cit. entonces no necesito esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mi tan fastidiosa tarea”.4 Por lo tanto, el arte como representación social del mundo habitado y de los mundos imaginados, deja entrever las tensiones e ideales del autor, por lo tanto en el arte se pueden rastrear los grandes dramas universales, pero también los conflictos locales, comunitarios y hasta de entorno inmediato. ¿Cómo negar que Kafka hace un ejercicio de crítica a su familia teniendo como eje a su padre, pero de igual manera pone en evidencia los grandes males del capitalismo que luego inundarían el planeta y que hoy se masifican con la globalización? No se trata tampoco de volver a la idea de la «literatura social» o comprometida, porque en realidad toda literatura son las dos cosas, no existe arte sin compromiso y sin entorno social. Se trata sí, de hacer uso público de la razón cuando se construye la obra, dejando en evidencia «eso» que incomoda al autor y que denuncia de alguna manera polisémica o intra-textualmente. Ser consciente de esas elaboraciones permite que la literatura, por ejemplo, se convierta en un lenguaje de reconstrucción social, dotado de significados que llegan a los lectores y les permiten construir preguntas fundamentales sobre su razón de ser y estar en el mundo, y para ello el autor no necesita militar en ningún movimiento o partido. Hacer uso público de la razón le permite al escritor tensionar su verdadera autonomía y su responsabilidad como actor activo de un constructo social. 4 Idem.

viernes, junio 27, 2008

COLOMBIA Y SU CONGRUENCIA CON EL ESTADO ROMANO DECADENTE

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Sólo una cosa no hay. Es el Olvido
Jorge Luis Borges.

Las civilizaciones repiten los ciclos sociales con todos los errores, como si no existiera un archivo histórico. El ser humano actúa como imitándose en otras épocas, aunque de manera inconsciente. La civilización Romana, en los apogeos de su decadencia parece ser el modelo en el cual se basa nuestra sociedad. Los factores que acercan estos dos Estados, separados por miles de años, serán el objeto de las siguientes líneas, a través de las cuales se podría dictaminar que el hombre no ha evolucionado tanto como la ciencia lo predica.

Comenzar ubicando el Estado Romano como epicentro de una crisis social y política, es remitirnos al siglo II antes de nuestra era; en ese entonces ya se estaba fermentando la futura demencia romana encarnada en emperadores como Nerón, Calígula y Domiciano, para no citar sino estos tres seres que trascendieron en el tiempo, gracias a su forma mórbida de gobierno. Roma estaba descompuesta por la variedad de guerras que sostenía, no sólo contra sus enemigos fronterizos, sino por la batalla ideológica entre Patricios y Plebeyos; estos últimos eran obligados a participar de la guerra con la ilusión de poseer un ascenso de clase social, pero después de años de lucha, eran engañados con falsas promesas y pasaban a engrosar las filas de los pobres y miserables. De aquella época data un conmovedor relato de Tiberio Graco, que describe claramente la situación caótica de las clases plebeyas: " ...pero los hombres que luchan y mueren por Italia sólo poseen el aire y la luz. Vagan por los campos, con su mujer y sus hijos, sin casa ni hogar. [1]¿Acaso es nuestra sociedad la que allí se describe?

De igual manera, unida a la ruina que dejó las guerras contra Aníbal y las luchas por las conquistas del Oriente, la desorganización del pueblo romano también fue factor importante en la formación de masas inactivas de gente, que poseían grandes cantidades de tierra productiva, mientras la mayoría eran dueños de aquellas parcelas inertes destinadas a los esclavos. La inconformidad del pueblo polarizó la situación y no tardaron en surgir líderes con propuestas de revueltas, que rápidamente fueron silenciados. El Estado romano debía tomar cartas en el asunto, y con su gran destreza para la manipulación, a través de la oratoria, y con un ejército de eruditos serviles de los gobernantes, se propuso conquistar las masas, pues entendían que aquellos «Pocos» necesitaban de los «Muchos» para defender su territorio y proveer sus despensas.

Parece ser que aquella época enmarcó la cultura dentro del servilismo, o al menos en un alto porcentaje de dependencia. La cultura al servicio del poder, como una forma más de oscurantismo y dictadura, formato que han imitado nuestros pueblos latinoamericanos. Cicerón será recordado por su elocuencia, pero también la historia le condenará porque utilizó aquella verbosidad para engañar a los seres que necesitaban saber la verdad. La contra para la revolución en marcha era la política, estrategia que perdurará por siglos; la oratoria afila sus armas y surge el discurso de la mentira. Los gobernantes eran conscientes del poder de la palabra.

En una carta que Cicerón recibe de su hermano, está dibujado el cinismo conque estos personajes se enfrentaban al pueblo, la epístola en una de sus partes explica cómo se deben dirigir a las masas: "Hay que desempeñar la comedia de tal manera que el pueblo crea que uno es amable de naturaleza, sin sospechar la menor timidez. La mímica es muy importante y debe ser tan cuidada como la voz. Por último hay que tener perseverancia y olvidar la fatiga. [2] Se podrían calificar estas líneas como el mejor consejo para practicar la falsedad. Hoy en Colombia parece que nuestros discursos políticos han sido esquematizados teniendo en cuenta aquellas advertencias a Cicerón. El manejo de palabra está apoyado por los oradores postmodernos de la teleinformática. ¿Cómo habría sido el impacto social, si los gobernantes romanos del siglo II hubiesen poseído toda un red de información avanzada para manipular las masas?

Pero no conformes, añadamos a los factores anteriores la degradación del poder. La corrupción invadía los pasillos del Senado, y era fácil encontrar a los gobernantes deliberando o construyendo leyes junto a sus concubinas, en un estado de embriaguez total. Algunos contados hombres de la sociedad romana derrochaban lo suficiente como para calmar el hambre de la plebe. Se luchaba incansablemente por obtener un puesto en el Estado, pues así se aseguraba una vida de abundancia y derroche (circular es la historia de la corrupción). Con el pueblo sometido los Patricios se sentían seguros de su momento, pero olvidaron que otras civilizaciones estaban atentas a la degradación de Italia, y la historia hoy muestra su balance inalterable.

Sin embargo, aquel gran Imperio perduraría muchos siglos más, hasta caer en las aberraciones más bajas que algún Estado haya permitido. La quietud de los Plebeyos y las argucias de la clase dominante, contribuyeron a una resignación milenaria. El laberinto de la corrupción se tornó paralelo hasta desembocar en sociedades como la española, que para infortunio de nuestros pueblos nos fue heredada. ¿Cómo lograron aquellos Césares permitirse toda clase de excesos sin que nadie hiciera nada por impedirlo? Tal vez si existieron intentos de derrocar tanta tiranía, pero quien llegaba a ocupar el trono sólo deseaba poseer y devastar. Nunca se miró con los ojos de la verdad. El pueblo era fácil de contener, gracias a su escasa cultura y la habilidad de los gobernantes para sostener una economía de lo necesario; fue entonces cuando nació aquel veredicto inmortal: “Panem et circenses” (Pan y Juegos). Si el pueblo era engañado con una moneda de dos caras, la permanencia de los gobernadores estaba asegurada.

Pero, si la legendaria Roma es recordada por la humanidad como la Meca del derecho: ¿Entonces por qué se crítica su actitud ante el pueblo? Basta remitirse a Vargas Vila, un crítico de las civilizaciones antiguas, para entender este concepto cuando dice:

"...es verdad que el mundo debe a Roma la fundación del Derecho...pero, ¿de cuál derecho?... del derecho de la fuerza, que es todo lo contrario de la Fuerza del derecho; Roma escribió el derecho con la punta de la espada, y la espada no ha servido nunca para fundar el derecho, sino para decapitarlo. [3]

El error de los gobernantes romanos es cortante, en el papel las leyes favorecían la igualdad, en la praxis el poder se imponía. Aquí está presente otra congruencia con el Estado colombiano, nuestra nueva constitución ofrece los argumentos válidos y suficientes para exigir, pero quienes finalmente deciden, son parte de la gran conspiración burguesa. La máquina de la corrupción sigue vigente veintidós siglos después. Tal vez si exista la eternidad...

Entonces, ¿nuestra sociedad debe resignarse a esperar la hecatombe, como burda imitación de la decadente Roma? O ¿se pueden plantear salidas, con objetivos a largo plazo? Ya se dijo que la cultura romana estuvo manipulada por los deseos de los Césares; incluso un poeta de la calidad estética de Virgilio no se mantuvo al margen de aquella cultura-dependencia. La Eneida surge de una petición de Augusto para crear una epopeya nacional, una obra épica que hiciera olvidar la superioridad cultural Griega y aureolar su figura; por eso Virgilio en una muestra de adulación, confiere a Augusto el linaje descendiente de Eneas. Tomando como referencia la actitud de los artistas romanos se puede inferir que la posición del artista colombiano debe ser neutral, y no prestarse al juego de la mediocridad que plantea nuestra sociedad, sin caer en la polarización de las décadas de lo sesenta y su seudo ideología que sólo contribuyó a construir más barbarie. Se debe crear un escenario para la recreación de valores como la honestidad y la equidad y trascender a los planos de la objetividad, sólo así la historia dará un balance positivo de nuestras artes. Hay que desplazar el entorno cultural y acceder a una nueva visión objetiva del estado de las cosas, para emprender la recuperación; así lo planteó Luis Carlos Restrepo, (antes de contradecirse con sus actuaciones) cuando invitaba al cambio de mentalidad en las siguientes líneas: " Una inversión sensorial es necesaria para resignificar la vida diaria, accediendo, como en los grandes ritos iniciáticos, a una alteración del estado de conciencia que nos obligue a desplazar los límites en que se ha enjaulado nuestro sistema de conocimiento." [4] En ese sentido, el compromiso del artista es ante todo histórico, lo restante sólo es cuestión de forma. El arte no puede ser una imitación de la decadencia de los pueblos y terminar al servicio de los bandos...

Finalmente, la carcoma romana penetró cada rincón, el pueblo nunca pudo controlar el desperdicio y entre lamentos y risas de embriaguez Roma terminó por autodestruirse permitiendo a otros pueblos su invasión. La sociedad próspera se obnubiló y sólo quedan vestigios de su grandeza. Gordon Childe nos ofrece un texto en donde el final suena melancólico: "En el año 150. d.c toda apariencia de prosperidad se había desvanecido. La bancarrota de la economía romana quedó al desnudo...", más adelante añade irónicamente; " La civilización clásica había perecido 150 años antes de que los invasores bárbaros venidos de Alemania quebraran por fin la unidad política del Imperio e iniciara formalmente la Edad Media en Europa [5]

Había llegado el final de aquel gran imperio, gracias a la debilidad de su sociedad; porque se pueden poseer las mejores estructuras económicas, legislativas, etc., pero al final lo que cuenta es la interacción del hombre con el mismo hombre. El poder siempre olvida quién sostiene el poder.

Ante tal similitud, el despertar debe ser rápido, porque en nuestra sociedad parece estar vigente aquella sentencia de Nietzsche, en boca de Zaratrhursta: " Repleta está la tierra de gentes que sobran, corrompida está la vida por los superfluos”,[6] y más adelante perece dirigirse a todos nosotros cuando exclama: " No os soportáis a vosotros mismos, no os amáis lo suficiente: de ahí que queráis inducir al prójimo a que ame, y aureolaros con su error. [7]

Son muchos los aspectos que hacen nuestra sociedad congruente con la Roma antigua, y si profundizamos más en su estudio tal vez encontremos las soluciones que ellos no captaron por estar imbuidos en aquella maraña de descomposición. Afortunadamente aún estamos a tiempo de no ser el ejemplo postmoderno de una civilización que será recordada más por sus excesos, que por su cultura.
***
En el año 2004, el texto presentado obtuvo el primer puesto modalidad ensayo en el concurso interuniversitario de literatura ESAP. Se me antoja cada vez más vigente, por eso lo dejo aquí como otro de mis gritos incesantes.
Notas Bibliográficas
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[1] RIAÑO, T. Roma. Historia universal. Página 111.
[2] Ibid., Página. 113.
[3] VARGAS VILA, J. M. Polen Lírico. Conferencias. Ateneo de Montevideo. Febrero 1924. Página.81
[4] RESTREPO, Luis Carlos. El derecho a la ternura. Arango Editores. 1990. Página. 69.
[5]GORDON CHILDE. Qué sucedió en la historia. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. Página. 277.
[6] NIETZSCHE, F. Así habla Zaratrhurstra. Ediciones Planeta. Bogotá. 1976
[7] Ibid., Página 57.

jueves, noviembre 23, 2006

LA CAÍDA DE OTRO IMPERIO


Antes de que termine de escribir estas líneas el Imperio del Norte habrá amenazado otro débil país, auto proclamándose el vigilante moderno de la desgastada democracia, de similar manera como el antiguo Imperio Romano se creía el epicentro del universo.

Parece que los humanos olvidamos muy pronto nuestro pasado y nos condenamos a transitar de nuevo por los derruidos caminos de los errores. En la antigua Roma todo era esperpento de poder y fuerza, derroche y lujuria. Mientras los plebeyos intentaban asociar la espada y el derecho, la indigestión interna estaba provocando arcadas históricas y ellos miraban hacia el cielo o hacia la estatua de Augusto. Mientras tanto los bárbaros sitiaban sus fronteras y de manera astuta corroían sus estructuras internas. Las guerras habían construido un imperio cesariano bastante abultado y de igual manera había llenado las despensas, pero olvidaron los titiriteros del poder que no sólo de pan y circo vive el pueblo. Un día, inimaginable acaso, aquel castillo cayó y sus estruendos aún se escuchan.

Ahora, en el mismo planeta, miles de años después un nuevo imperio sofoca y no está preparado a caer. Esa es tal vez su mayor desventaja. Muchos países, de todo tipo de estratos, guardan un rencor aún recordado y esperan que la espada sea erigida y la cabeza ruede. El Imperio del Norte parece invencible, como la Roma de su tiempo, esta sumido en una descomposición interna de tal magnitud que se hace necesaria la mascarilla de las telecomunicaciones para disfrazar su fealdad. En cada rincón del planeta una voz disonante surge y si no grita alto es por miedo a la represalia que aun amedrenta. No siempre se quiere vivir de las migajas que caen de la mesa del emperador, aunque alcance para todos los sirvientes. Algún día seré el emperador, soñaba un guardaespaldas romano mientras el César se embriagaba.

Puedo decir, con el margen de error permitido a los mortales, que la vida de ese imperio está en peligro y su prepotencia actual no me desmiente. Hay en el ambiente cierto hedor a profecía por cumplirse, pero no es más que el destino trágico del hombre que construye edificios para derribarlos un día. Y cuando caiga el Imperio bajo el influjo del lamento y de la guerra (ningún Imperio se construyó con ideas) surgirá otro allende los mares, para empezar de nuevo el ciclo trágico.

Y los hombres miraremos hacia el cielo y los ingenuos que aún creen en Dios le exigirán explicaciones, pero tal acto sólo puede ser explicado desde las páginas humeantes de la historia.

¿Cómo hacerle entender al león que necesita de venado? ¿Cómo explicarle al vendado que requiere del acecho de aquellas fieras garras? El hombre jamás terminará por entender que nuestro tiempo es una jungla en donde los árboles se construyen con cemento. Depredar es nuestra condena, pero no siempre el león ha sido el rey de toda selva.

miércoles, noviembre 08, 2006

PENSAMIENTO MODERNO Y GLOBALIZACIÓN


El siglo XX está marcado por un proyecto económico, político y social encaminado hacia la homogenización del planeta. Desde que en siglo XIX se fomenta una nueva dinámica del mercado que llega a su auge mediante el apogeo de la revolución industrial, el mundo se concentra en hacer posible la llegada de cualquier mercancía a cualquier parte del mundo, impulsado especialmente por una concepción económica de libre mercado, auspiciado en gran parte por las grandes potencias mundiales en especial por EE.UU. e Inglaterra, quienes poseedores de los mejores medios de transporte de la época empiezan a expandir sus dominios.

La mitad del siglo pasado permite que este proceso se acelere debido a los grandes avances en el desarrollo de la tecnología en especial de las telecomunicaciones. El proceso de libre mercado se torna como proyecto de universalización de la economía, más aún cuando a mediados de la década de los ochenta el Unión Soviética, principal bloque opositor de este modelo, se derrumba ante los ojos desconcertados de la humanidad. Desde entonces el proyecto de globalización queda como único proyecto abanderado de la economía del mundo.

Sin embargo, aunque pareciera que no existe reversa ante tal modelo, el mundo empieza a descubrir que las grandes ventajas planteadas inicialmente por el modelo de globalización, no son tales, como lo dice Pierre Bourdieu: “Antes los Estados Unidos decían: lo que es bueno para la Ford, es bueno para los norteamericanos. Ahora todo el mundo dice: lo que es bueno para la economía es bueno para todos. Y no es así. No hay provecho para todos” con lo que queda planteado que el mundo globalizado está moviendo su maquinaria para favorecer una minoría, la de los grandes emporios económicos que se disputan los rincones del mundo para vender sus productos.

La realidad es más atroz de lo que se nos presenta y que casi siempre se oculta pretendiendo disfrazar las realidades con otras causas. Por ejemplo, casos como el de Irak en donde está presente un modelo de aculturación, es decir, un intento por reemplazar la cultura mulsumana por la cultura seudo-democrática de los Estados Unidos, es disfrazado como la lucha por la igualdad y la liberación de un pueblo, como lo expresara el presidente George Bush en su discurso ante el Senado antes de la aprobación de la invasión a Irak. Y todas esas vidas sacrificadas en el intento de someter una cultura, una forma de vida, una religión, una economía ¿es válida? Pues lamentablemente para el neoliberalismo lo es. No importa el precio, el ideal de unificar el mundo, de gobernarse bajo un mismo modelo político, de homogenizar la cultura, bien lo vale. Ante esto la diversidad propuesta por el modernismo entre en crisis y los costos son altos como de nuevo no lo recuerda Bourdieu: “Y el daño ecológico. Pero también la violencia. Hay relaciones muy obvias. En los Estados Unidos, la política neoliberal extrema y la cantidad de cárceles son correlativos. Lo mismo ocurre entre la miseria y el sida. A más neoliberalismo más cárceles, y más encarcelados. A más pobres, más sida”. El mundo está pagando un alto precio por las pretensiones de algunos pocos de unificarlo todo, de reemplazarlo todo por un modelo que está demostrado tampoco es el ideal.

Como se esbozó anteriormente, si el postmodernismo plantea la diversidad como condición imperante, entonces ¿por qué los modelos económicos, sociales, religiosos y políticos tienden a ser unificadores? Para Vattimo es interesante clarificar la relación entre postmodernidad y avance de las comunicaciones: “Yo sostengo que el término postmoderno sigue teniendo sentido, y que este sentido está ligado al hecho de que la sociedad en que vivimos es una sociedad de la comunicación generalizada, y la sociedad de los medios de comunicación (mass media)”. Lo cual es cierto, pero igual cabe preguntar, ¿quiénes son los que deciden las comunicaciones que son trasmitidas? Pues regresamos a lo mismo, son la minoría, los que controlan el mercado son los dueños de las grandes cadenas de televisión, de las grandes revistas y de los periódicos más vendidos.

Estos temas son de gran interés para Jurgen Habermas, quien como teórico principal de la acción comunicativa plantea que es precisamente ese esquema, el de la comunicación, la que permitirá que el proyecto de la universalización tome formas positivas de progreso, ya que una globalización desde una sola óptica como la que está planteada en este momento desencadenará en el uso del terror como control, a la que Habermas antepone “...otro tipo de universalidad: una comunidad en la que los participantes comparten un sentido de la vida. Lo que da lugar a la moral y la política en toda su concreción. Sin embargo, en este punto se corre un riesgo, ya que las democracias deben reconocer las comunidades sin permitir la caída en nacionalismo totalitarios-homogeneizantes”.

Al respecto, Habermas entonces ve una esperanza en la comunicación como posibilidad negociadora de las formas éticas de gobierno y de las relaciones entre individuos de diferentes comunidades. Aunque cabría preguntarse ¿cómo superar entonces la barrera comunicativa que levantan los grandes monopolios mundiales?

En ese sentido, el mundo posmoderno parece ser válido puesto que como lo plantea Lyotard: “Hechos como el de Auschwitz refuta la doctrina especulativa de que lo real es racional”, para él la modernidad no ha fracasado sino que los seres humanos lo hemos destruido e invalidado. Es decir, que el ser humano no alcanzó las pretensiones de la modernidad en donde el desarrollo y el bienestar de la raza humana estaban en equilibrio, sino que protegió el desarrollo aún a costa de la vida misma y la violación de los derechos más fundamentales.

Igualmente Lyotard, cuando expresa las características de la postmodernidad plantea entre ellas la crisis de paradigmas, es decir que ya no existen verdades de apuño, entonces ocurre que se da un retorno a otros paradigmas ya revaluados como la existencia de Dios o el regreso al culto de todo lo sagrado, como medio de recuperar la fe en le ser humano; pero de la misma forma se liberan corrientes de otras formas de estar y de concebir el mundo como las comunidades gays, la supremacía de etnias, el rechazo al capital entre otras múltiples expresiones que se convierta en forma de resistencia ante la globalización.

En conclusión se puede decir que la globalización como tal es una expresión casi final del modernismo, más que una característica tal del postmodernismo. La búsqueda del beneficio colectivo basado en el desarrollo era un sueño antiguo del ser humano, con la aparición predominante del mercado libre, del capital privado y la acumulación de las mercancías, el destino de la humanidad se centró en tratar de abarcarlo todo, de imponer un solo lenguaje, un solo modelo económico, una sola moneda y hasta una sola cultura, por eso hoy el modelo de globalización está en crisis y le será casi imposible continuar el rumbo que lleva, puesto que de no repensarse podría caer en una tiranía mundial guiada por los países mas desarrollados o en un caos de violencia, desorden, desigualad y terrorismo, que desafortunadamente es lo que se observa cada día con mayor frecuencia. En ese escenario, los pensadores intelectuales de la actualidad tienen mucho que decir y mucho que criticar, su silencio no puede ser cómplice, y todos como individuos debemos hacer una lecturas diferentes del mundo, no quedarnos con las imágenes que nos bombardean y que nos dicen mentiras cada día, es nuestro deber propiciar un lugar más esperanzador para el futuro dela la raza humana.

viernes, mayo 12, 2006

CELULARES, ARTEFACTOS Y GLOBALIZACIÓN




Timbro, timbro, timbro, luego existo.....

Yo quisiera ser civilizado
Como los animales.
Roberto Carlos “El cantante”

En un articulo que inicialmente se publicó en el Herald Tribune (un poco antiguo, es del 2001 y ahora todo envejece más aprisa por verbigracia del pretendido postmodernismo), Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, plantea diez hipótesis sobre la globalización[1]. No pienso comentarlas todas aquí, sólo quiero recordar la primera de ellas en donde el autor pone en evidencia que las protestas contra la globalización poseen un problema antitético enorme, las mismas son una muestra misma del fenómeno globalizante. Dice Sen: “Los así llamados enemigos de la globalización no pueden estar, en general, contra ella, ya que sus protestas se cuentan entre los fenómenos más globalizados del mundo contemporáneo”[2]

Partiendo de esta tesis, válida o no, quiero dejar algunas cosas en claro:

1. Aunque quisiera, no me puedo declarar enemigo de la globalización porque aún no tengo suficientes elementos de juicio para ello. Por ejemplo, nunca he viajado por el mundo para constatar su impacto en otros contextos. De igual manera, aún siento algún tipo de goce al ver ciertos rasgos de colombianidad en otros lugares del mundo, así sea una simple bandera tricolor en un Concierto en Rio, o la imagen de Juan Valdés en las calles de Nueva York. Como pueden ver no estoy libre de pecado.

2. Estoy en descuerdo en muchos tópicos de la globalización, eso si lo puedo asegurar tajantemente, como la homogenización cultural y el reduccionismo ideológico a un mundo de la mercado-dependencia.

3. La presente reflexión no es banal, al menos para mí.

ANÉCDOTA INAUGURAL

Durante los dos últimos años he presenciado, a veces estupefacto y a veces indiferente, como la mayoría de mis amigos se obsesionaron con el mundo de los celulares. Todo empezó con una oleada promocional por parte de las empresas que detectaron el mercado potencial, y ofrecieron a precios irrisorios la nueva tecnología. Hay que aclarar que los precios parecían irrisorios, sobre todo para aquellos que los habían adquirido a precios exorbitantes apenas unos años atrás, cuando tener un celular no era sinónimo de estar IN, sino de estatus social. Los primeros conocidos que tuvieron celular fueron aquellos capaces de pagar por él, (y uno que otro chicanero) y de esa manera la nueva tecnología de la comunicación fue descendiendo por la pirámide de ingresos hasta pretender alcanzar el primer nivel; por eso se empezaron ha ofrecer a esos precios módicos, es una estrategia de mercado tan antigua como la ignorancia misma, hay que hacerle creer al cliente que se le está regalando el producto.

Veo una contradicción desde el punto de vista del consumidor: al principio de adquirieron celulares «nada que ver», aparatos de gran tamaño, incómodos de llevar y que parecían intercomunicadores de capataz. Luego llegaron unos mejores, y así sucesivamente, hasta las miniaturas computarizadas que se nos ofrecen hoy los cuales sirven como cámaras fotográficas, agendas electrónicas, etc, ¡ah!, además sirven para llamar. Los primeros se compraron ha precios altos y los últimos a precios más cómodos, pero existe una verdad: cuando los celulares «nada que ver» llegaron al mercado colombiano, los de nueva generación ya habían inundado otros mercados, sino me creen miren telenovelas mexicanas o venezolanas de antes del 2000. Los primeros compradores fueron conejillos de indias con dinero, a alguien había que venderles esos aparatos que otros mercados rechazaron.

LA ILUSIÓN DE LOS ARTEFACTOS

Me imagino cómo fue el shock que produjo el televisor cuando apareció hace más de cincuenta años en el ámbito colombiano. Cuántos sacrificios económicos haría nuestra siempre empobrecida sociedad por obtener un televisor y poder declarar solemnemente su ingreso a la modernidad. Y en ese mundo de nuevos artefactos siempre han existido los Melquíades garcíamarquesianos que hacen su aparición en los Macondos del mundo, vendiendo las nuevas esperanzas de la ciencia, y no falta el Buendía que sacrifique sus pertenencias, o las ajenas, por acceder a tal mundo de felicidad.

Ahora hay televisores a color, veintiuna pulgadas y de las mejores marcas, hasta en los suburbios. El televisor se ha hecho más indispensable que la misma comida. Se puede aguantar hambre estoicamente frente a un televisor que trasmita el programa del momento. Retrocedo, no me considero enemigo del televisor. Punto. Me considero enemigo de las construcciones sociales que generó el televisor, o quizás se deba decir las de-construcciones sociales. ¿Quién se considera capaz de hacer levantar de su sillón a un padre de familia quien un domingo observa su partido de fútbol favorito? ¿Quién convence a un hijo que es mejor leer las Mil y Una Noches que sentarse cuatro horas a observar los comics del momento? El televisor desplazó los entramados familiares a otros lugares y se metió hasta en las alcobas, otorgándole un nuevo significado al sexo conservador, el de las alcobas.

Obviamente, el televisor trajo beneficios y aportó luces modernas a la construcción de un país menos ajeno al mundo. Descubrimos fascinados las urbes, esas que sólo les estaban permitidas visitar a la clase alta y burguesa, descubrimos el maravilloso mar y soñamos con ahogarnos en sus aguas, captamos la dimensión del mundo real, no aquel que graficábamos en los mapamundis en el bachillerato. Pero todo termino por ser un objeto de entretenimiento, sacrificando la concepción de recreación que el ser humano exige. ¿Cuántos parques solitarios esperan a los televidentes? La estupidez encontró en la televisión un buen puente para adentrarse en nuestro mundo privado y el marketing pudo por fin derribar la barrera de las puertas y fachadas de nuestras casas. El resultado es verificable. Ingrese a las casas en horario de alto raiting y levante un mapa de los programas que están viendo. Luego realice un paneo de los programas que a esa hora ofrecen los múltiples canales. Conclusión a priori: los televidentes, en su gran mayoría, estarán viendo los programas más estúpidos: (tradúzcase estúpido como aquellos que no ofrece resistencia mental)

PÉGAME UN TIMBRAZO

En la medida que más amigos tenían celular, más nos alejamos. Dos razones sustentan este desenlace. Primero me he negado a poseer uno y dos, el celular termina incomunicando. La primera razón no la voy a sustentar, la segunda sí.
Comunicarse ahora vale dinero, antes no. El contexto del mundo del celular es ecónomo- dependiente y hay una gran diferencia entre poseer un trasmisor rectangular de 10x5 cms, que en el manual de uso se presenta como artefacto de comunicación, y comunicarse realmente. La comunicación no es sólo verbal, se construye a partir de gestos, de acciones pragmáticas que determinan la intencionalidad de los interlocutores. Una ceja levantada puede expresar un sentimiento que no se puede construir verbalmente, una aproximación física puede develar nuevos sentidos semánticos a una alocución. El uso del celular supone que una simple frase, simplificada además porque el tiempo es oro, da cuenta de una acción comunicativa. Si la información que de le ofrezco al otro intercomunicante tiene un precio para mí, debo ahorrarla, mejor que gaste el otro, si quiere estar bien informado. Entonces surge el tan conocido «pégame un timbrazo»

El uso del celular está masificado, no hay remedio. He visto a recicladores sacudidos por la vibración en plena avenida, contestar: ¡alo parce! A veces me he sentado con un grupo de conocidos a conversar y cada lapso de diez minutos máximo el diálogo es entrecortado porque suenan zambas, flamencos, ruidos digestivos, sonatas deformadas por el tic de la tecnología y demás formas de timbres que hacen sentir IN a sus poseedores. Un amigo muy cercano con quien solía conversar de temas áridos como éste, ahora se sienta frente a mí, toma su celular de última generación y empieza a navegar por su nuevo mundo de amigos virtuales, números de agendas, datos interconectados, fotografías digitales, y demás sucesos interactivos del mundo del celular. De vez en cuando levanta la cabeza, como interrumpido por mi monólogo retro, la culpa no es de él, es mía, porque ya no existo.

VÉNDAME UN MINUTO

La ilusión de la comunicación inmediata se rompe en mil pedazos cuando en medio de una multitud que camina ataviada de celulares alguien pregunta: ¿quién tiene un minuto? Enseguida el ambiente se enrarece y todos miran sus artefactos sintiendo un lastimero desaliento de impotencia. Claro, las nuevas formas de comunicación son costosas, pero que pereza conversar, porque mejor no chatear. Parece que los seres humanos queremos olvidar el rostro del «otro», sólo nos interesa su conocimiento, sus pertenencias, su eslogan; y el celular se erige como el artefacto más cómodo para tal fin.

Alrededor del celular se ha creado toda una sub-industria de venta de servicios, de sitios para comprar tiempo. Véndame un minuto, es la frese más sonada en estos días. Las calles están repletas de médicos de la comunicación, quienes ya saben nuestra dolencia y tienen lista la receta. Ellos han desarrollado un olfato profundo para detectar el rostro desesperado por llamar a los amigos, a la empresa, al otro amado. Minutos, minutos, minutos, minutos, es la voz que inunda las ciudades como eco infinito de la nueva ilusión tecnológica. La globalización trae un precio para todo y la ganancia tiene que surgir a pesar de las falacias, no importa que haya que sacrificar ese suceso tan hondamente humano como lo es (¿o fue?) la conversación. El mundo necesita de formas que acerquen los datos necesarios, no importas si estás en Japón o en la Serranía del Perijá, lo importante es ubicarte, el miedo empieza cuando nadie timbra a tu teléfono móvil, cuando a pesar de tus altos recibos de cuentas de minutos gastados, nadie quiere invertir en comunicarse contigo. Pero no se preocupe, la madre ciencia y está trabajando en eso, y pronto saldrá al mercado un nuevo artefacto para almas solitarias.

Las herramientas del desarrollo no son monstruos devoradores de seres, son los seres los que se devoran unos con otros con esos artefactos. El uso del artefacto ennoblece o vilipendia al mismo. Por ahora solo me queda tomar alguna de las siguientes opciones:

1. Me quedo sin amigos.
2. Accedo a tener un artefacto incomunicador en mi bolsillo
3. O para fastidiar a Amartya Sen, me declaró enemigo acérrimo de la globalización

Posdata: Para cualquier comentario al presente devaneo, favor comunicarse a mi teléfono móvil

[1] El artículo es traducido como: Si es justa, es buena. 10 verdades sobre la globalización. Se puede leer completo en: El malpensante. Lecturas paradójicas. Ago-Sep.2001. Traducción Andrés Hoyos.
[2] Ibid. Página 54.