
Suele suceder que la mañana me sorprende con su pesadez, como si toda la mierda del mundo hubiese caído sobre mi alma mientras dormía. Me paro frente al espejo y renuncio a la afeitada pensando que un día tan patético como el que comienza no vale la pena enfrentarlo bien vestido y bien rasurado. Me pongo un Jean roto y desteñido, calzo unas zapatillas, cuelgo mi bolso sobre el ancla de mis hombros y me llevo un libro de poemas para el camino: “Poesía Impura” de Iván Tabau, que mejor antídoto para este día.
Mientras viajo en una destartalada buseta pienso en aquellos poemas que nunca escribí, en el tiempo que duré dándole vueltas una idea para una novela y luego cuando ya estaba lista, me dieron ganas de ahorcarme con los cordones de mis botas Brama, pero no resistieron el peso. Saber que tengo que llegar a una maldita oficina a beberme el agua tediosa del cántaro de los días, me provoca nauseas, ahora entiendo mejor a Gregorio Samsa. Mi historia podría empezar así: “después de una noche de sueño intranquilo, Gamboa amaneció convertido en una empleado…” y afuera tantos libros para leer, tantas palabras para descubrir, tantos lugares para recorrer, y desde el puesto de esta buseta contemplo la distancia y me imagino sosteniendo un duelo poético a muerte con Toro Salvaje, para que él brillantemente me mate con un certero poema de siete versos. Quisiera ser el fotógrafo de Malena para intentar captar con mi Lente-jo el drama sublime de la belleza, o fumar muchos cigarrillos y beber vino durante siete noches al lado de Invisible Soledad.
Para que perder el tiempo en una oficina cuando puedo caminar toda Bogotá buscando los bares de “Opio en las nubes”, como un detective salvaje, al lado del buen amigo Mazo, o simplemente viajar hasta ciudad de México e invitar a Betina Perroni a caminar por la plaza Garibaldi y luego pedirle que me cante esa canción que me obsequió: “assassine” de Pascal Obispo. O simplemente desnudarme y sólo en calcetines ir adentrándome lentamente en el mar, guiado de la mano de Adela, la mujer que reina en las aguas o recorrer los caminos de la Mancha escuchando los acordes armoniosos del Heredero del Quijote, para aprender un poco de las enseñanzas de su padre.
Pero tengo que llegar a las ocho en punto, abrir la puerta y esperar que detrás de la cortina del cansancio surja algo de valor en medio de las ruinas, y negarme a recorrer Santiago al lado de Sangre Ácida, hablando de pedagogía y levantándole los puños a los policías, o tomando fotos de las calles con el lente mágico de Mariela, y de paso visitar a Mayra y tocar una canción a su lado: se me ocurre que nos sonaría bien “Cuando pase el temblor…” ah, Soda. Y seguir mi ruta al sur como haciéndole caso a esa canción de los Prisioneros en donde invitaban a viajar en tren al sur…y buscar entre los muelles a Uma, la rubia esplendorosa, la mujer que podría darme el valor para enfrentar mi propio Minotauro. Salir una tarde de fútbol con el Hippie viejo, vistiendo la camiseta de su Boca y gritando: Diego has sido el mejor y luego salir y tomar un Martíni leyendo a Rimbaud mientras Mar, la habitante de las Palabras Errantes lee sus estrofas en donde se decanta el deseo, y por qué no invitar a Maik Pimienta para que me enseñe el truco de sobrevivir a la ebriedad en los parques. También quisiera ir al Perú y abrazar a la delicada Angélica Camacho y pedirle que me lleve a visitar las ruinas de Cuzco, o decirle a Cata Fernández que el amor no es como uno quiere que sea y hablar de arte toda una mañana mientras el sol no se cuela por las ventanas. Si estoy del todo bien, podría hasta escribir una antología de poesía erótica para lo cual contaría con el apoyo de Valeria, Menta Cálida y la Sirena Varada, pero pensándolo bien una antología sería poco, más bien podríamos construir un monumento al deseo. O recorrer las ruinas de Roma al lado de Isabel, para entender el secreto que dejan los imperios cuando mueren, mientras escucho una canción de Serrat en el rincón de Freyja, la diosa nórdica.
Hay tantos lugares por recorrer, tantas personas con las que quisiera salir a patearle el culo al mundo, pero tengo que seguir viajando como un autómata, y dentro de cuatro cuadras levantaré mi cansado cuerpo, timbraré y caminaré algunas cuadras antes de volver a recordar esa frase de mi madre: “Ten cuidado con lo que desea porque de pronto se te cumple” y termino por pensar que quisiera ser el que era cuando quería ser el que soy…