Me enseñaste que parir no te hace madre,
Debes sacar a tus hijos del fuego,
Encenderles la luz en las altas madrugadas
Y darles una maleta repleta de señales
Para cuando emprendan el viaje.
Luego ellos se irán
Y si se acuerdan de ti, enviarán cartas.
Quizás un día tengan tiempo
Y vuelvan a tu puerta
Y vuelvan a tu puerta
Con un ramo de rosas rojas.
Quizás no tengan tiempo
Y solo las envíen a tu cementerio.
Y solo las envíen a tu cementerio.
Me enseñaste que ser madre
Es el mayor acto de amor sobre la tierra.
Para: María Rebeca Bobadilla, la de las enseñanzas